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ZOZOBRA

Aunque a muchos el temblor nos rozó apenas, hemos estado en medio de una tragedia que nos es propia de muchas maneras. Primero el miedo, con su multifacética cara –pensar en lo que nos pudo haber pasado, que se repita, que ahora sí nos toque, que les toque a los nuestros…–, nos instala en la zozobra; el miedo se acrecienta con la concentración del daño: cientos de muertos y heridos, cientos de personas que han perdido todo y muchas más que podrían perderlo, porque somos millones quienes vivimos en esta zona sísmica y sobre lo que fue un lago. También sentimos la tragedia como propia, porque la desgracia del otro, cuando no se es un sicópata, mueve naturalmente a la empatía, a la solidaridad.

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